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Zazen, nuestro verdadero hogar

  • 24 may
  • 2 min de lectura

Cuando nos sentamos en zazen (meditación zen), nos entregamos completamente a la postura y a la expiración; no hay ninguna fuga, ninguna grieta. Nuestra postura, nuestro acto de plena presencia aquí y ahora, lo abarca todo.

Es el camino para volvernos íntimos con nuestro verdadero ser. Este es el tema fundamental de esta práctica, el punto esencial de nuestra vida. Es lo que a veces llamamos nuestra verdadera naturaleza de Buda.

Si no encontramos ese verdadero ser, si no intimamos con nuestra verdadera naturaleza, es difícil encontrar la paz en nuestro corazón, la satisfacción plena. Siempre parece que nos falta algo, cuando en realidad no falta nada.

El camino de esta intimidad, el camino que nos conduce a nuestro verdadero hogar, se abre instante tras instante a través de la actualización de la plena conciencia, de la actualización de zazen, de la actualización de cada expiración y de cada gesto.

Zazen es un camino de apertura. Es abrirnos a nuestro verdadero ser y abrirnos al universo, a la vida y al Dharma. Y, al mismo tiempo, es un camino de abandono, de despojamiento. Nos desprendemos de nuestra piel, de nuestro ego y de nuestros apegos.

Lo dejamos caer todo.

El zen es el camino para encontrar e intimar con nuestro verdadero ser, para sentarnos en nuestro verdadero hogar. Es lo que a menudo llamamos el despertar.

Pero ¿despertar a qué?

Despertar a nuestra verdadera naturaleza. Despertar a la realidad. Es decir, despertar al Buda que todos somos.

Buda siempre ha estado aquí, pero nuestra mente discriminatoria nos lo oculta. Si abandonamos esa mente discriminatoria, podemos abrirnos a la verdadera realidad de nuestro ser y llegar a nuestra morada.

En el exilio de ella jamás encontraremos la satisfacción ni la paz.

Lo que hoy llamamos budismo o zen no es otra cosa que el camino que nos conduce a la conciencia de nuestro verdadero ser.

Esto refleja dos aspectos de la enseñanza que están totalmente unidos e inseparables. El camino que nos conduce hacia nuestro propio ser, hacia la comprensión, es el mismo camino que nos lleva hacia los demás. Es el camino de compartir, de la compasión y de la entrega.

No es que el Dharma necesite algo de nosotros, pero cuando cortamos toda dualidad no puede hacerse otra cosa.

Desde nuestro cuerpo limitado y desde nuestra situación limitada, estamos en unidad con todo el universo, con la vida y con el Dharma que se expresa a través de nosotros.

Hay dos kanji que forman la palabra Dharma: el kanji del agua y el kanji del inicio de la actividad, del fluir.

Es el agua que fluye y que todo lo impregna.

Buda, teóricamente, podría haberse quedado sentado en su rincón, pero no lo hizo. Salió al encuentro de los demás.

Después de la experiencia de la unidad, si nos abrimos completamente a ella, no podemos hacer otra cosa que ponernos al servicio de la vida y del Dharma.

Ese es el origen y la raíz de la verdadera compasión y del verdadero amor.

Es importante instalarnos en nuestro verdadero hogar, en nuestro verdadero ser. Actualizar, momento a momento, este despertar.

Ese es el sentido y la realidad profunda de zazen.


Pere Taiho Secorún

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