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Relativo y Absoluto

  • 24 may
  • 2 min de lectura

Unidad de lo relativo y lo absoluto

Kusen (enseñanza durante zazen) por Pere Taiho Secorún


Impulsada por el viento, la superficie del mar comienza a moverse. Tal vez, debido a una corriente profunda, choca de repente contra una elevación del terreno y empieza a formarse la ola. Al principio es suave, pero dependiendo de las circunstancias puede hacerse grande, tomar una forma u otra según de dónde venga el viento, de si está cerca o no de la costa. Pero al final hay una masa de agua que se eleva, se manifiesta, adopta una forma que cambia a cada instante, que se transforma, porque cada momento es transitorio.

Si esta manifestación tuviera conciencia, podría pensar muchas cosas sobre sí misma, sobre las demás olas o sobre el mundo. En ese intervalo entre que nace y desaparece, también podría comprender que nunca ha estado separada del océano y que su forma relativa está totalmente impregnada por el absoluto del mar.

Lo relativo y lo absoluto, en realidad, no están separados; es nuestra mente dual la que crea la diferencia. Sin embargo, es a través de esta mente dual, a través del devenir de la cadena de causas y efectos, que podemos comprender que la ola y el mar no están separados. Esto es exactamente el despertar de Buda.

Pero si nos identificamos con cada pequeña forma, con cada elevación, con la espuma, con el remolino o con cualquier otra cosa, nos separamos de la verdadera visión que nos permite comprender y ver que el océano lo abarca todo, que no hay ola fuera del mar, que no hay separación.

Podemos ver el mundo de lo relativo como extraños, porque nuestro verdadero ser pertenece al océano y siempre ha estado allí.

No hay nada que buscar, no hay nada que rechazar; la realidad es tal como es. Por eso se dice que cuando una persona comprende esto, es el momento de entrar en la corriente, es decir, dejarse llevar, armonizarse con esa fuerza primordial de la que hemos surgido. De una manera u otra, esto se intuye.

En nuestra tradición hacemos el gesto y manifestamos, aquí y ahora, de una manera objetiva y relativa, el acto de querer seguir la corriente que todo lo envuelve, el acto de solicitar la ordenación de bodhisattva. En realidad, siempre hemos estado allí; no hay distancia, no hay diferencia, ya que la distancia es una ilusión que nosotros mismos creamos.

Cuando hacemos gassho, cuando hacemos sampai, abrimos el corazón y la ola atraviesa el mundo de lo relativo, el mundo de lo manifestado, con la plena conciencia de pertenecer al mundo de lo absoluto.

Ya no hay más miedo.

Ya no hay más duda.

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