Palabras de Pere Secorún el día de la apertura de Shingetsuji
- 24 may
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Palabras pronunciadas el día de la apertura, 7 de septiembre, durante los zazenes de la mañana:
Primer Zazen (meditación zen) – 7:00 h
El Templo
Hoy nuestra presencia aquí santifica este lugar. Hemos construido este lugar con el profundo ideal de que se convierta en un templo. Es el lugar donde el sutil canto silencioso del Dharma puede manifestarse, donde nosotros y quienes vengan podamos nacer plenamente a una vida más completa.
De este lugar, de la práctica en este lugar, de la atmósfera de este lugar y del espíritu de este lugar, cada uno de nosotros es el máximo responsable.
Santificar y vivificar este lugar es santificar y vivificar nuestra vida y nuestra práctica. Ese es el ideal y el sentido de un templo, de un dojo.
El maestro Saikawa, cuando pintó e hizo tallar las caligrafías que nos regaló, escribió en la primera de ellas —la que se encuentra en la entrada que señala el lugar—: “La montaña de los innumerables iluminados” (de los innumerables santos). Es un ideal enorme para cada uno de nosotros. Es un gran regalo tener claro lo que representa este ideal. Aquí y ahora podemos y debemos realizarlo.
En la segunda caligrafía —situada en la entrada del dojo— está escrito el nombre del templo: “Shingetsuji, el Templo de la Luna Nueva”, el despertar renovado a cada instante.
La práctica y realización de la Vía es aquí y ahora. El camino se abre a cada momento, justo delante de nuestros pies. Aquí y ahora, aquí y ahora, aquí y ahora; una frase bien conocida. Aquí y ahora, la luna nueva: despertar a nuestra vida en cada instante.
La tercera caligrafía, situada al fondo del dojo a la izquierda, señala el lugar de los ancestros inmediatos, los fundadores del templo: Maestro Deshimaru, Étienne Zeisler y Saikawa Roshi. Ellos están en las raíces de este lugar y de esta práctica.
En ella está escrito: “La habitación de la transmisión de la paz”. La paz del espíritu, la paz del corazón, donde ya no existe lucha alguna, más allá de la dualidad y de la oposición.
Abrir el corazón, pacificar el corazón: esa es nuestra práctica. Shinjin datsu raku: abandonar cuerpo y espíritu, y entonces aparece la paz.
Deseo fervientemente que este lugar se convierta verdaderamente en un templo. Todos nosotros somos artífices de este milagro. Y deseo fervientemente que sea una ayuda para nuestra práctica, para nuestro camino y para quienes vendrán.
Y en este día en que entramos en estas montañas, la ceremonia que ofrecemos y todo lo que hacemos está impregnado de un profundo sentimiento de gratitud por haber nacido seres humanos y haber encontrado la Vía.
Segundo Zazen – 11:00 h
La comunidad, la Sangha
Voy a leer un pequeño texto de Dogen correspondiente al Ju Undo Shiki, las reglas del templo.
Entre estas paredes, entre estas montañas, practican hombres y mujeres. Esta práctica es el verdadero tesoro del templo, del lugar. La presencia de estos hombres y mujeres dedicados a practicar la Vía de Buda es lo que convierte a la Sangha en uno de los Tres Tesoros del budismo.
Las reglas del templo y sus recomendaciones están hechas para evitar que el templo deje de ser un templo, para que no se convierta en un lugar de mercaderes.
Dogen dice al respecto, en la segunda regla:
“Todos los monjes y monjas de este dojo, es decir, todos los practicantes, deben hacer todo lo posible por vivir en armonía unos con otros, como la leche se mezcla con el agua, y junto a los demás deben intentar abrir los ojos a la sabiduría más elevada. Vuestra posición de discípulo se convertirá más tarde en la de maestro, y es semejante a la de Buda y los patriarcas. Por esta razón se dice que aquí estáis en posición de encontrar un amigo difícil de encontrar y de hacer cosas ordinariamente difíciles de hacer. Procurad siempre no tener más que un solo objetivo y seréis entonces semejantes a los budas y a los patriarcas, unidos en unidad con su cuerpo y con su espíritu. Vosotros vivís con las nubes y con el agua viva; cuidad de vosotros mismos en la práctica de la Vía. Por todo ello, tendréis una gran deuda de gratitud hacia los demás monjes; ellos serán compañeros eternos en la práctica de la Vía”.
Encontrar amigos que ordinariamente son difíciles de encontrar y hacer cosas que ordinariamente son difíciles de hacer.
Los vínculos que unen a la Sangha están más allá de nuestra condición humana. Son vínculos eternos, que se crean y fortalecen a partir de que cada uno cuide de su propio camino. Pero, a partir de ahí, se expresan en la relación con los demás; es decir, trascienden en un instante las limitaciones de nuestro pequeño ego y de nuestras inercias.
Las reglas del templo son diferentes de las reglas de la vida social, pero aquí pueden hacerse cosas ordinariamente difíciles de hacer y encontrarse amigos ordinariamente difíciles de encontrar.
No son nuestras relaciones mundanas —que también existen y es natural que existan— en las que debemos apoyarnos. No son esas relaciones las que hacen crecer y consolidar la Sangha, sino estrictamente la profundidad y la entrega a la práctica.
Los vínculos que consolidan la Sangha son espirituales, sutiles y no pueden ser manipulados por nadie, ni siquiera por el ego.
Cuidad de vosotros mismos en este camino.
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