La delicada flor de zazen no se deja atrapar
- 24 may
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Preservad esta delicada flor que no podemos tomar entre las manos, que no admite muchos discursos y que está envuelta por el tenue tul del silencio de zazen.
El zen, dijo una vez el maestro Deshimaru, no existe; sería mejor cambiarle el nombre y llamarlo simplemente “vida”.
Esta delicada flor no acepta ningún nombre. Quienes habéis tenido la oportunidad de percibir su sutil aroma, aunque solo haya sido durante una milésima de segundo, incluso de forma inconsciente, ya no podéis olvidarla jamás.
A menudo hablamos de budismo, del zen; utilizamos muchas palabras, algunas extrañas. Hablamos de maestros, de patriarcas, y al final parece que hay algo que termina llamándose zen. Pero, en realidad, el zen no existe. Lo que existe es el delicado aroma de esta flor que no podemos atrapar.
También Dogen escribió que no le gustaba en absoluto la palabra zen, que él practicaba la Vía de Buda.
¿Qué quiero decir con esto?
Por favor, no os enredéis en las palabras. No os enredéis en los conceptos. No os enredéis en las complicaciones mentales.
Dejadlo caer todo y simplemente abrazad con ternura el momento presente.
Todas las palabras, todas las complicaciones, nos separan de esta delicada flor que, sin embargo, aquí y ahora está con nosotros. Es como la luciérnaga que se encuentra en la entrada del dojo y que nos acompaña durante esta sesshin.
Como practicantes y aspirantes al despertar, debemos prestar atención a lo que realmente es importante y despojarnos de todo lo demás.
Volved continuamente a esta delicada flor, amorosamente envuelta por el silencio de zazen.
No perdáis el momento presente.
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