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Fukanzazengi

  • 24 may
  • 5 min de lectura

Instrucciones universales para zazen

Escrito en el siglo XIII por el maestro zen japonés Eihei Dogen (1200–1253), fundador de la escuela Zen Soto, para difundir los principios generales de zazen (meditación zen). 

La Vía es fundamentalmente perfecta.

Lo penetra todo.

¿Cómo podría depender de la práctica y de la realización?

El vehículo del Dharma es libre y está desprovisto de obstáculos.

¿Por qué habría que esforzarse?

En realidad, el Gran Cuerpo está más allá del polvo del mundo.

¿Quién podría creer que existe alguna manera de quitarle el polvo?

Nunca está separado de nadie.

Siempre está exactamente donde está.

¿Por qué ir de un lado a otro para practicar?

Sin embargo, si se crea una separación, por pequeña que sea, la Vía quedará tan distante como el cielo de la tierra.

Si aparece la más mínima preferencia o aversión, el espíritu se pierde en la confusión.

Imaginad a una persona que presume de comprender y que se hace ilusiones acerca de su propio despertar. Vislumbrando la sabiduría que penetra todas las cosas, sigue la Vía, aclara su espíritu y hace nacer el deseo de escalar hasta el cielo.

Esa persona apenas ha comenzado una exploración inicial y limitada de las regiones fronterizas, pero su acción todavía es insuficiente en la Vía vital de la emancipación absoluta.

Consideremos a Buda.

Aunque ya poseía el conocimiento al nacer, aún pueden verse las huellas de las siete semanas que pasó sentado en loto, en inmovilidad total.

Y Bodhidharma, cuya transmisión del sello ha llegado hasta nuestros días, dejó el recuerdo de los nueve años que pasó sentado frente a una pared.

Si los sabios de la antigüedad fueron así, ¿cómo podrían los seres humanos de hoy abandonar la práctica de la Vía?

Por tanto, debéis abandonar una práctica basada únicamente en la comprensión intelectual, persiguiendo palabras y aferrándoos a ellas literalmente.

Debéis aprender a realizar el giro que dirige vuestra luz hacia el interior para iluminar vuestra verdadera naturaleza.

Entonces cuerpo y espíritu se desvanecerán por sí mismos y vuestro rostro original aparecerá.

Si queréis alcanzar el despertar, debéis practicar el despertar sin demora.

Para practicar zazen conviene una habitación silenciosa.

Comed y bebed con moderación.

Abandonad toda ambición y alejad toda preocupación.

No penséis:

“Esto está bien” o “esto está mal”.

No toméis partido a favor ni en contra de nada.

Detened todos los movimientos del espíritu consciente.

No juzguéis pensamientos ni perspectivas.

No tengáis ningún deseo de llegar a ser Buda.

Zazen no se limita a la posición sentada o reclinada.

En el lugar donde acostumbréis a sentaros, colocad una estera gruesa y un cojín encima.

Sentaos en loto completo o medio loto.

En la postura de loto completo, colocad primero el pie derecho sobre el muslo izquierdo y después el pie izquierdo sobre el muslo derecho.

En la postura de medio loto, basta con colocar el pie derecho sobre el muslo izquierdo.

Aflojad la ropa y el cinturón para que todo quede cómodo y bien colocado.

Después, colocad la mano derecha sobre la pierna izquierda y la mano izquierda, con la palma hacia arriba, sobre la mano derecha.

Las puntas de los pulgares deben tocarse.

Sentaos con la columna completamente recta.

No os inclinéis ni a la izquierda ni a la derecha, ni hacia delante ni hacia atrás.

Las orejas deben estar alineadas con los hombros y la nariz en línea vertical con el ombligo.

Apoyad la lengua en la parte frontal del paladar.

La boca permanece cerrada y los dientes en contacto.

Los ojos deben permanecer abiertos.

Respirad suavemente por la nariz.

Cuando la postura esté correctamente establecida, realizad una respiración profunda: inspirad y espirad.

Balanceaos ligeramente a derecha e izquierda y luego estabilizaos en una postura firme.

Pensad desde el fondo del no-pensamiento.

¿Cómo se piensa desde el fondo del no-pensamiento?

Es el más allá del pensamiento (hishiryo).

Este es el arte esencial de zazen.

El zazen del que hablo no es el aprendizaje de una técnica de meditación.

No es más que el Dharma de la paz y de la felicidad, la práctica-realización de un despertar perfecto.

Zazen es la manifestación de la realidad última.

Las trampas y redes del intelecto no pueden capturarlo.

Cuando conozcáis su esencia seréis como el tigre que entra en la montaña o como el dragón que se sumerge en el océano.

Debéis saber que cuando se practica zazen el verdadero Dharma se manifiesta y que, desde el principio, quedan descartadas tanto la relajación física y mental como la distracción.

Cuando os levantéis, hacedlo suavemente y sin prisa.

Moveos pausadamente y con deliberación.

No os levantéis de forma brusca.

Al observar el pasado se puede comprobar que trascender simultáneamente la iluminación y la no iluminación, o morir sentado o de pie, siempre ha dependido del vigor de zazen.

Por otra parte, el despertar provocado por un dedo, una bandera, una aguja o un mazo; o la realización efectiva gracias a un matamoscas, un puño, un bastón o un grito, no puede ser comprendido mediante el pensamiento dualista.

Mucho menos puede conocerse mediante poderes sobrenaturales.

Está más allá de lo que se ve y se oye.

¿No se trata, acaso, de un principio anterior al conocimiento y a la percepción?

Por ello, importa poco ser inteligente o no.

No hay diferencia entre el sabio y el necio.

Si el esfuerzo es concentrado y decidido, eso ya es practicar la Vía.

La práctica-realización es pura por naturaleza.

Avanzar es una cuestión de vida cotidiana.

En general, todos los seres de los tres mundos respetan el sello de Buda.

La particularidad de nuestro linaje es la devoción por zazen: simplemente sentarse inmóvil, con entrega total.

Aunque se diga que existen tantas almas como seres humanos, todos realizan la Vía de la misma manera: practicando zazen.

¿Por qué abandonar el lugar que os corresponde en casa y vagar por las tierras polvorientas de otros reinos?

Un solo paso en falso y os separaréis de la Vía recta que se extiende delante de vosotros.

Habéis tenido la fortuna única de recibir forma humana.

No perdáis el tiempo.

Contribuid a la obra esencial de la Vía de Buda.

¿Quién se conformaría con la chispa vana y fugaz de una piedra de fuego?

Forma y sustancia son como el rocío sobre la hierba.

El destino es como un relámpago que desaparece en un instante.

Os lo ruego, honorables discípulos del zen:

Durante mucho tiempo habéis estado acostumbrados a palpar el elefante en la oscuridad.

No temáis ahora al verdadero dragón.

Consagrad vuestras energías a la Vía que apunta directamente al absoluto.

Respetad a quienes han llegado más allá y están libres de esfuerzo.

Armonizaos con la iluminación de todos los Budas.

Suceded a la legítima dinastía de los patriarcas.

Comportaos siempre de este modo y seréis como ellos.

Entonces la cámara de vuestro tesoro se abrirá por sí sola y podréis disfrutar libremente de ella.

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