La magia del silencio, de Kankyo Tannier
- 24 may
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La monja budista Kankyo Tannier ha escrito un libro (La magia del silencio, Columna Edicions, 2017) que aborda los temas eternos: cómo ayudar, cómo apaciguar la sensación de insatisfacción, de carencia, el sufrimiento humano, ese dolor íntimo de la humanidad.
Como budista y terapeuta en programación neurolingüística y otras corrientes afines, propone ejercicios que pueden servir para comprender y mitigar este sufrimiento universal.
Se trata de ejercicios muy diversos: ejercicios para tomar conciencia del propio cuerpo, para no aferrarse a los pensamientos, para concentrarse, para aceptarse a uno mismo tal como es.
Habla, sobre todo, del silencio, del noble silencio.
Y es aquí donde más se percibe el aroma zen de su rakusu.
Menciona el silencio de la sesshin Rohatsu, los beneficios del silencio: dejar sin ocupar con pensamientos o palabras un espacio salvaje, no cultivado, donde el agua salta libremente entre rocas y piedras.
El terreno no cultivado donde escuchar el silencio de zazen.
Los ejercicios que propone son, sin duda, de gran utilidad para muchas personas que sufren y buscan respuestas a su malestar.
Pero lo que más conmueve del libro se encuentra en otro lugar.
Está en los espacios entre las palabras, en las anécdotas que acompañan sus explicaciones.
En la frescura de aquello que cuenta de manera indirecta, en lo que deja entrever sin detenerse demasiado, en todo aquello que rodea la intención principal del libro.
El silencio de su cabaña, donde vive, cerca del templo zen de Alsacia, por la mañana, cuando amanece y el sol de invierno atraviesa los cristales de la ventana.
El silencio del bosque en penumbra cuando cae la tarde y solo se escucha el viento y las campanas de una iglesia lejana.
El silencio del alba cuando recorre los pasillos del templo para colocar las ofrendas de agua en los altares, antes de la campana del despertar.
Cuando la noche aún envuelve el paisaje y sus pasos evocan otros pasos antiguos, formando un tejido común, delicado e invisible, lleno de misterio y gratitud.
Ese momento mágico en el que la noche deja paso al día y los contornos del mundo se revelan poco a poco.
El silencio de la sesshin, en la que, sentado en medio del volcán, el cuerpo aprende a atravesar las sombras, como si el sol fuera abriéndose paso lentamente para calentar cada parte del cuerpo.
Los momentos de calma.
Por la mañana.
Al atardecer.
La regularidad que sosiega el alma.
Y así, delicadamente y con una ternura benevolente, nos invita, a través de las páginas de su libro, a saborear el silencio que lentamente se despliega y se deja escuchar.
Al leer sobre la danza lenta y primitiva de su gato, sobre sus lánguidos estiramientos, algo en nuestro interior comienza a ordenarse.
Reseña de Laura Berenguer Estellés, profesora universitaria y monja zen.



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