La conversación con Bodhidharma
- 23 mar
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Kusen (enseñanza oral durante zazen) impartida por Pere Taiho Secorún
Hay un pasaje célebre en nuestra tradición: la historia de Bodhidharma cuando llega a China. Es un momento importante sobre el que el zen siempre ha puesto mucho énfasis. Se trata de una pequeña historia con múltiples lecturas. Este pasaje, por ejemplo, se entrega a los sushos cuando realizan la ceremonia del Combate del Dharma, para que hagan un teisho —una conferencia— y lo comenten.
La historia cuenta, básicamente, que el emperador de China tiene interés en conocer a una persona de quien se dice que es un monje venido de la India. Quiere hacerle algunas preguntas, saber si posee alguna enseñanza y descubrir si realmente es alguien importante.
Bodhidharma era un hombre barbudo que venía del sur de la India y se encontraba en China, en una cultura diferente, donde no conocía a nadie ni conocía sus tradiciones. Podríamos decir que estaba perdido en un país desconocido.
Fundamentalmente, el encuentro —o lo que se ha conservado de él— consiste en unas pocas preguntas.
El emperador, que había hecho mucho por el budismo, había construido templos, mandado copiar sutras, etcétera, le dice:
“Sería imposible enumerar todos los templos construidos, los sutras copiados y los monjes sostenidos desde que asumí el trono”.
(“Sostenidos” significa que estaban bajo su protección y podían dedicarse a las tareas religiosas sin preocuparse por su sustento).
Emperador: ¿Qué méritos he adquirido?
Bodhidharma: Ningún mérito en absoluto.
Emperador: ¿Por qué no hay ningún mérito?
Bodhidharma: Esos son solo efectos triviales de los seres humanos y de los dioses. La causa es superficial; son como las sombras que siguen a una forma. Aunque existan, no son la realidad.
Emperador: ¿Cuál es entonces el verdadero mérito?
Bodhidharma: La sabiduría pura, sutil e inalcanzable. El cuerpo la recibe de manera natural, vacía y tranquila. Esa sabiduría no se busca a través de las cosas mundanas.
Emperador: ¿Cuál es la verdad suprema entre las verdades sagradas?
Bodhidharma: Aquello que es evidente no tiene nada de sagrado.
Emperador: Entonces, ¿quién eres tú? ¿Quién es la persona que está delante de mí?
Bodhidharma: No lo sé.
El emperador no comprendió nada.
Bodhidharma se marchó tranquilamente hacia el norte del país y, según cuenta la leyenda, permaneció sentado frente a un muro durante nueve años.
¿Cuál es la lectura que quiero hacer hoy?
El emperador quiere obtener, entender y clasificar. Pero las respuestas de Bodhidharma le resultan completamente incomprensibles. El emperador no reconoce nada en él: solo ve a un indio barbudo que viene de lejos y dice cosas extrañas.
¿Qué es lo importante?
El budismo zen pone el acento en este pasaje porque el acto fundacional mediante el cual se dice que Bodhidharma transmitió el zen a China no puede ser comprendido mediante el entendimiento, ni mediante estrategias, ni mediante el reconocimiento del emperador, ni mediante las virtudes de nadie. Está basado en la quietud frente al muro.
No existen lugares ideales para la práctica.
Cuando Bodhidharma llegó a China estaba completamente solo. No podía apoyarse en ninguna estructura. El diálogo con el emperador le mostró que este no comprendía realmente qué era lo esencial, y Bodhidharma se marchó.
Comentando este pasaje, Dogen dice:
“Bodhidharma descansó su bastón”.
Dejó de peregrinar y simplemente se sentó, en silencio, frente al muro.
No practicaba “meditación zen”.
Durante mucho tiempo nadie pudo comprender la razón de aquel sentarse. Por eso observaron a Bodhidharma y terminaron escribiendo que practicaba algo que llamaron “meditación zen”.
Dogen ya señala aquí un tema que sigue siendo muy actual: ponerle un nombre a ese acto de sentarse, darle una utilidad, una finalidad.
La gente no podía comprender el motivo de aquel sentarse y finalmente le puso un nombre: “meditación zen”.
“Se sentó en silencio frente al muro”, continúa Dogen, “pero no estaba aprendiendo meditación zen. Sin libros, sin sutras, era simplemente la verdadera autoridad del Dharma correcto”.
No hay nada a lo que aferrarse, ni siquiera al zen o al budismo.
¿Dónde se encuentra la verdadera autoridad del Dharma correcto?
El maestro Uchiyama, sucesor de Kodo Sawaki en el pequeño templo de Antai-ji, solía hablar del “zen sin juguetes”, es decir, cuerpo y espíritu despojados de todo.
Nuestra mente racional quiere comprender, ordenar y clasificar.
Nuestro cuerpo emocional quiere calor, cariño y reconocimiento.
Sentarse en silencio frente al muro es trascender todo eso en un instante.
Hay una frase de Dogen en este mismo texto que dice:
“La casa en llamas está más allá del entendimiento; el campo abierto está más allá del conocimiento”.
El pasaje de Bodhidharma siempre ha sido importante para la tradición zen porque, de alguna manera, muestra que en la quietud frente al muro no hay nada sobre lo que apoyarse.
El campo se abre más allá de cualquier intento de aferrarse.
A eso podemos llamarlo el misterio de zazen.
¿Por qué no?
Es un misterio.
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